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Madrid estrena el negocio de las casas de apuestas

Un fontanero rumano llamado Marian Militaru entró ayer a las cuatro de la tarde en la primera casa de apuestas que se abre en España y no salió hasta pasadas las once de la noche. En total se jugó 150 euros en cuatro partidos de fútbol. Dos de la Copa italiana, un tercero de la Bundesliga y, por último, el plato fuerte: la final de la Copa del Rey entre el Valencia y el Getafe. “En Rumanía –explicó Militaru, de 31 años– ya hace un par de años que funciona este negocio”. En España, no.

Hasta ayer no había ningún establecimiento, pero lo que hoy es una excepción mañana será parte del paisaje urbano. Al menos en dos autonomías: la madrileña y Euskadi, que ya han concedido licencias. La Comunidad de Madrid, que impuso a este negocio una fiscalidad del 10% sobre el llamado win (ingresos menos premios), ha dado permiso para operar a tres empresas: Victoria –la primera en abrir–, Sportium e Intralot Iberia. Si se suman las expectativas de las compañías, a final de año habrá 300 establecimientos de este tipo en suelo madrileño. Algo similar ocurrirá en el País Vasco.

El polémico sector de las apuestas, de enorme tradición en el Reino Unido, acaba de entrar con fuerza en España. Con mucha fuerza. El otro día, un directivo de una de estas firmas informó con orgullo a sus empleados de que cuando acabara el 2008 habría en Madrid más oficinas de este tipo “que McDonald’s”.

ÓPTIMAS CONDICIONES
“En España se dan condiciones óptimas para que opere este negocio”, comentaba ayer, sentada en uno de los despachos de Victoria, la directora de márketing Emma Mateos. “Primero, porque no hay otro país que consuma tanta prensa deportiva. Y segundo, porque a la gente le gusta divertirse en grupo”. De ahí que la multinacional británica William Hill –fundada en 1934 y que cuenta con 2.250 oficinas en el Reino Unido e Irlanda– se haya unido a la multinacional española Codere –que gestiona más de 51.600 máquinas recreativas– para formar Victoria, invertir 20 millones de euros y empezar a sacar rendimiento al potencial que tiene este país en el sector del juego.

Por el momento, las únicas apuestas posibles (la mínima es de 20 céntimos y no hay límite máximo, siempre que la ganancia sea inferior al medio millón de euros) son las deportivas, pero la empresa confía en ampliar su campo a acontecimientos sociales y concursos televisivos, un rosario de posibilidades que pone los pelos de punta a la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (FEJAR). Los ludópatas rehabilitados consideran que estos centros fomentan su antigua patología al “reducir el tiempo entre la apuesta y el premio”. Quizá para huir del estereotipo de la casa de apuestas como lugar sórdido en el que se dilapidan ahorros, la primera oficina de Victoria es puro diseño, como un salón de la gama media de Ikea.
A las cinco de la tarde, dos horas después de que la oficina fuera inaugurada, sonó el teléfono de Mateos, la directiva. Alguien le dijo que se habían realizado 106 apuestas. En dos horas. Y era miércoles.

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